LA EDUCACIÓN PÚBLICA O DE CÓMO LA DESIGUALDAD SOCIAL SE FOMENTA EN LOS GOBIERNOS

Los resultados de las pruebas de aptitud para ingresar a la Universidad, divulgados hace poco, ponen de golpe sobre la mesa otra prueba del carácter antidemocrático de la sociedad ecuatoriana. El asunto no ha merecido mayor atención: ni asambleístas, ni partidos políticos, ni editorialistas, ni ex-administradores públicos, ni defensores de la democracia ni el mismo gobierno han dado muestras de preocupación. 
Según los responsables, la prueba no era de conocimientos sino de aptitudes y condiciones generales para adquirirlos y operar con ellos (capacidad de interpretar, comunicar, argumentar, formular proposiciones, resolver problemas…) en tres campos: lenguaje, matemáticas y razonamiento abstracto. Se inscribieron 57.292 bachilleres. 11.602 desertaron: no acudieron a la prueba; y, 25.567 obtuvieron una puntuación insuficiente. Así pues, por el momento 37.169 estudiantes, el 64 por ciento de los inscritos, han quedado al margen del camino universitario, en el que mostraron interés. Son resultados para enrojecer a cualquier profesor, a cualesquiera de los dirigientes sindicales de educadores, a cualquier ministro de educación, del pasado y el presente.
Por las universidades que participan en el programa en que se inscriben las pruebas (cinco; todas estatales), se puede deducir que la mayoría de esos 37.169 estudiantes procedían de colegios fiscales: los de los pobres.  Las clases media y alta tienen otros planes universitarios; siguen otros caminos.
He aquí un viejo y gravísimo problema del país: el sistema educativo estatal sigue fomentando la desigualdad e infligiendo agravios a la mayoría, cuyos hijos tienen pocas posibilidades de llegar a la universidad; nuestra educación pública continúa reforzando la división social y los privilegios, la subordinación de la mayoría a la minoría, la insultante jerarquización a favor de las clases media y alta, cuyos miembros más jóvenes, educados en colegios y universidades de élite, están destinados a dominar  en el futuro a sus congéneres de los centros fiscales.
Cierto: se trata de un asunto endemico de la república, que se ha mantenido y fortalecido de era en era, de gobierno en gobierno. El actual ha tenido cinco años para estudiar los problemas de la educación pública en función de factores sociales, culturales, económicos, de género, de medios, de métodos, administrativos, organizativos, para valorar estímulos, la preparación y el desempeño profesional de los maestros, la calidad y suficiencia de la infraestructura… Cinco años para promover la equidad en el aprendizaje y en sus resultados. Y hoy esos resultados dicen que lo que tenía que hacerse no ha sido hecho. ¿Quién responde? Dado el régimen de gobierno impuesto por  el presidente, en el que los ministros son sólo ejecutantes, es evidente que es él mismo quien tiene que responder. 
Pero así como el país discutió durante meses sobre el honor, las injurias y la libertad de prensa pero no tuvo palabras de solidaridad con las 357 niñas violadas en escuelas de Guayaquil al mismo tiempo que transcurría el famoso juicio a El Universo, entre enero y septiembre de 2011, ni con las 8.500 mujeres agredidas en la misma ciudad y época, así ahora, acaso imbuidos todos de la misma ideología aristocrático-burguesa que llevó al presidente a su juicio, quizá nos felicitamos de las ‘escuelas del milenio’, el bachillerato internacional y las ‘becas para estudiantes de alto rendimiento’ pero callamos ante la triste realidad de esos 37.169 estudiantes que desertaron o fueron declarados no aptos para entrar a la Universidad después de doce años de acudir a los centros de enseñanza pública.
En una democracia, ¿cuál es la finalidad de la educación pública? ¿Proveer estatus o promoción social; la excelencia; o el aseguramiento de la igualdad de oportunidades, la asimilación de principios,  habilidades y conocimientos necesarios para la cohesión y el desarrollo de la comunidad, una clara conciencia de derechos humanos y civiles?
Sospecho que, paradójicamente, en este caso no podremos distinguir los dos bandos del caso El Universo. Es posible que, en el fondo, todos estemos juntos en el mismo discrimen, en el mismo agravio, al amparo de la misma espuria democracia. Calla la ministra, calla el presidente, callamos todos: nadie se pronuncia sobre esas 357 niñas violadas, las 8.500 mujeres golpeadas, esos 37.169 estudiantes pobres incapaces de comparecer y superar pruebas de interpretación, comunicación, comprensión y solución racional de problemas… Nada decimos –nos prohibimos hablar- sobre el suicidio infantil, cuyas cifras erizan la piel, nada sobre el analfabetismo, aún no erradicado.
Un demócrata estaría preocupado y apenado por esta clase de asuntos. Por el resultado de las pruebas piloto exigiría un debate y un acuerdo nacional para transformar la educación pública, y querría que en éste se discutiera sobre el precio moral y social que todos pagamos, individual y colectivamente, por sostener entre todos la aberrante desigualdad social a través de la educación; y que se reflexionara también sobre el costo moral y social que supone el régimen de competencia y el rampante individualismo que hoy se fomenta con la política aristocrático-burguesa de “los mejores” y la “excelencia”; un gobierno democrático o que  aspirara  a la democracia,  impulsaría una revolución genuina en la educación, construiría un sistema que apunte a una comunidad de seres libres, solidarios e iguales, máxima meta de una auténtica democracia.

 Mario Campaña, Baltimore, 9 de abril de 2012


Sobre el juicio a El Universo y la respuesta internacional

Queridas amigas y amigos,
Cuatro personas que merecen el mayor respeto pidieron mi adhesión al documento firmado por más de cien escritores relativo a la condena judicial a diario El Universo y la libertad de expresión que ha empezado a circular hoy. Creo que debo justificar mi negativa.
Aquí tienen una breve exposición. Como verán, creo que la única salida válida para el país es la convocatoria -realizada por el gobierno y la prensa- a la búsqueda de un pacto nacional para una democracia real.
Mario Campaña

NI REVOLUCIONARIOS NI DEFENSORES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

El gobierno y la prensa y sus respectivos amigos de dentro y fuera del país han conformado en las últimas semanas un escenario polarizado contrario a las necesidades de la sociedad ecuatoriana. Cualquier observador que no esté ciego ni sordo puede concebir razonables sospechas de que en el juicio contra diario El Universo las dos partes han incurrido en comportamientos deshonrosos, como es habitual en el sistema judicial ecuatoriano; podrá comprobar que ni el gobierno suele respetar la constitución y las leyes ni la prensa más poderosa cumple con el papel moral y social que le es exigible y no fue ajena al desastre económico y político sufrido por el país en las dos últimas décadas; sobre todo, un observador descubrirá que el gobierno y la prensa pasan por alto la mayor de las necesidades ecuatorianas, que es la construcción de una verdadera democracia, y que en Ecuador ésta no es, ni mucho menos, equivalente a libertad de expresión como cree la prensa y sus simpatizantes, ni a subsidios para mayorías desprotegidas, como cree el gobierno.

Es un error pensar que la salida a la crisis puede ser el mero afianzamiento en las posiciones de cada parte. Nada ha ganado la sociedad ecuatoriana con la condena a diario El Universo y nada hubiera ganado con su absolución. Nada ganará con perdones o revocatorias en cortes internacionales. La única salida responsable que tienen el gobierno y la prensa, la única válida para la sociedad ecuatoriana, es que se propongan y se exijan recíprocamente, y propongan al país, lo único que puede y debe exigirse y pactarse: un esfuerzo sincero, de todos, para la construcción de una democracia real, de una “libre comunidad de iguales” (Rousseau) que actúe en vista del bienestar común.

Ni el gobierno ni la prensa han dado muestras de que tienen interés en este tipo de democracia, la única valiosa para un país como Ecuador. En un estado con estructuras no democráticas, con una sociedad y una cultura no democráticas, no de ciudadanos sino, en muchos casos, de siervos y señores, machos y hembras y blancos, mestizos negros e indios, con el 30 % de pobreza y cerca de 200 perseguidos por “terrorismo y sabotaje”, hablar sólo de subsidios y bonos y libertad de expresión y métodos de representación o elección no es equivocado ni injustificado, pero puede tener algo de impostura, trivialidad o cinismo.

Mario Campaña

Carta de Mario Campaña a los diarios: El Universo, El Comercio y Telégrafo


Señor Director,
Mucho le agradecería ordenar la publicación de esta carta, que tiene como objeto pedir atención para un gravísimo suceso que ha sido anunciado hoy por varios medios de prensa: la agresión física de que ha sido objeto el artista guayaquileño Daniel Adum.

El hecho, que parece haber sido cometido por trabajadores municipales de Guayaquil en funciones, es alarmante y dice mucho de las políticas de terror que parecen imponerse hoy como forma de gobierno en la sociedad ecuatoriana. Aparentemente es también una consecuencia más de la escalada de represión municipal que sufren los artistas de la ciudad por la naturaleza de sus obras.

Mi solidaridad con ellos, especialmente con Daniel Adum, y mi llamado a la Fiscalía, al fiscal general, a las veedurías y observatorios, a la prensa, a los organismos defensores de derechos y de la democracia, a las instituciones culturales y educativas y a la comunidad de artistas para que reaccionen en el ámbito de sus competencias a fin de que el terror como instrumento de gobierno sea castigado y erradicado de nuestra vida pública.

Mi llamado particularmente al gobierno central y al ministerio de cultura, que al no reaccionar ante estos hechos esta haciendo una peligrosa dejación de sus responsabilidades.

Mario Campaña
CI 0907281992